El arte de escuchar un vino: cómo descubrir su historia sin ser experto
- Gaston Padilla
- hace 2 días
- 3 Min. de lectura

A veces pensamos que para hablar de vino hay que tener una copa Riedel, un curso de sommelier o un vocabulario que incluya palabras que suenan a hechizo francés. Pero la verdad es otra: el vino también habla, y cualquiera puede aprender a escucharlo.
No tenés que ser experto. Solo tenés que estar dispuesto a poner atención.
Hoy te cuento cómo descubrir la historia que un vino te quiere decir… sin complicarte la vida.
Todo vino viene de un lugar… y ese lugar habla primero
Cuando servís una copa, lo primero que te cuenta el vino es de dónde viene. No con palabras, sino a través de tres pistas: olor, color y textura.
Un vino del Valle de Guadalupe viene con un toque más terroso y vibrante, como si trajera el polvo del desierto. Un Malbec de altura en Mendoza te habla con acento de montaña: fruta intensa, color profundo, cuerpo firme. Un Sauvignon Blanc de Nueva Zelanda grita desde la copa con notas de maracuyá y pasto recién cortado.
Si prestás atención al aroma, ya estás escuchando la historia del terroir.
La uva es un personaje con personalidad
Cada variedad es como un amigo distinto:
El Cabernet Sauvignon: serio, intenso, estructurado. Te habla fuerte.
El Pinot Noir: elegante, suave, a veces tímido. Te susurra.
El Riesling: fresco, vibrante, un poco necesario en la vida.
El Syrah: especiado, oscuro, misterioso, como ese amigo que siempre tiene un buen cuento.
No necesitás reconocer mil notas aromáticas. Solo preguntate: ¿Este vino es más suave o más intenso? ¿Más alegre o más serio? ¿Más fresco o más cálido?
Ahí empieza a hablar.
La madera, el tiempo y los silencios
Un vino joven te habla rápido: fruta, frescura, energía. Un vino con barrica habla más lento: vainilla, cacao, tostado, profundidad. Un vino con años encima… ese ya no solo habla: cuenta cuentos.
A veces un Rioja Reserva huele a cuero, tabaco, madera vieja. Eso es historia líquida: el tiempo convertido en aroma.
¿Querés escuchar aún más? Probalo con comida
El maridaje es como ponerle música de fondo a una conversación.
Probá esto:
Un vino blanco con acidez alta + ceviche = la acidez se vuelve ritmo.
Un Malbec + carne = el vino se vuelve más suave, más amable.
Un espumante + queso cabra = el vino explota en la boca.
Ahí escuchás cómo el vino cambia, se adapta, responde. Es como ver dos personajes interactuar.
Cada vino trae una historia humana
Detrás de esa copa hay manos, hay clima, hay decisiones. Algún enólogo decidió cosechar un día antes o un día después. Alguien apostó por fermentar en acero y no en roble. Alguien casi pierde toda su cosecha por una helada.
Si querés escuchar realmente un vino, preguntate: ¿Qué tuvo que pasar para que esta copa llegue a mi mesa?
Esa es la historia más bonita.
¿Y si no sé nada de esto?
Escuchar un vino no es ciencia. Es práctica. Es curiosidad. Es atención.
No busqués “decir lo correcto”. Buscá sentir lo tuyo.
Una vez alguien me dijo que un vino le olía a “galleta María mojada en leche”.¿Técnico? No.¿Honesto? 100%. ¿Valioso? Muchísimo.
Porque así se empieza: escuchando sin miedo a equivocarse.
Preguntas frecuentes:
1. ¿Cómo sé si un vino tiene historia?
Todos la tienen. La diferencia es si vos querés escucharla.
2. ¿Los vinos caros cuentan mejores historias?
No siempre. A veces solo te hablan con acento más sofisticado.
3. ¿Puedo aprender sin tomar cursos?
Sí. La mejor escuela es tu copa y tu curiosidad.
4. ¿Qué vino recomendás para empezar a “escuchar”?
Un Malbec joven, un Pinot Noir ligero o un Sauvignon Blanc fresco. Todos tienen historias fáciles de entender.
5. ¿Qué pasa si no huelo nada “especial”?
No pasa nada. Lo único obligatorio en el vino es disfrutar.
La próxima vez que descorches una botella, no corras. No llenés la copa hasta arriba. No te apurés.
Dejá que el vino te hable. Y sobre todo… escuchalo.
Nos vemos en el próximo #ViernesDeVino








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