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Cuando un vino no gusta: ¿defecto, error o simplemente no era para vos?


Por años nos hicieron creer que si un vino no nos gusta, el problema somos nosotros. Que “no sabemos”, que “no lo entendimos”, que “nos falta paladar”.


Y no. A veces el vino está defectuoso. Otras veces está bien, pero no era para ese momento. Y muchas veces, simplemente no era para vos.


Hoy, en este #ViernesDeVino, hablemos de eso sin culpa y sin esnobismo.


Primero lo primero: no todo vino malo es un vino defectuoso

Un vino defectuoso es aquel que tiene un problema técnico real. No es cuestión de gustos, es cuestión de fallas.


Algunos ejemplos claros:

• Sabor a corcho (TCA) Ese aroma a cartón mojado, sótano húmedo o trapo viejo. No es romanticismo… es defecto. Punto.

• Oxidación El vino sabe plano, cansado, sin vida. Como una manzana partida hace horas. Pasó más aire del que debía.

• Reducción extrema Olor a huevo, azufre o caucho quemado. A veces se va al oxigenar, a veces no.


En estos casos, no es que “no te gustó”. Es que el vino falló.


Segundo escenario: el vino estaba bien… pero el contexto no

Este es el más común y el menos entendido.

Un vino puede ser excelente y aun así decepcionar si:

  • Lo tomaste muy frío o muy caliente

  • Lo abriste sin decantar cuando lo necesitaba

  • Lo acompañaste con una comida que lo mató

  • Esperabas algo ligero y era intenso (o al revés)

Un mal maridaje puede arruinar un gran vino.Un mal momento también.


El vino no es solo lo que hay en la botella, es cuándo, con qué y con quién lo tomás.


Tercer escenario (y el más honesto): no era para vos

Y acá viene la parte liberadora.

Hay vinos correctos, bien hechos, premiados…que simplemente no conectan con vos.

¿No te gustan los vinos muy maderosos? Está bien. ¿No conectás con los súper alcohólicos?Perfecto. ¿Preferís frescura antes que potencia? Bienvenido al club.


El vino no es un examen. Es una experiencia personal.

Decir “este vino no es para mí” no te hace ignorante, te hace honesto.


Anécdota real (que seguro te pasó)

Alguna vez pagaste caro un vino “recomendado”y pensaste: “¿Esto era?”

Y otro día abriste uno sencillo, sin expectativas…y terminó siendo inolvidable.

El precio no garantiza emoción. La etiqueta no asegura conexión.


Lo que el vino también enseña

El vino, como la vida, no siempre sale como esperás. Pero incluso cuando decepciona, deja aprendizaje:

  • A confiar más en tu gusto

  • A soltar la culpa

  • A entender que no todo tiene que gustarte


El vino no está para impresionar, está para acompañar.

Y cuando no gusta, no siempre hay que juzgarlo…a veces solo hay que entenderlo y seguir probando.


Porque el mejor vino no es el más caro ni el más famoso, sino el que te hace sentir algo.



Preguntas & Respuestas rápidas

¿Debo devolver un vino si no me gustó?

Solo si tiene un defecto real. Si es gusto personal, no.


¿Un vino caro puede salir malo?

Sí. El precio no lo hace infalible.


¿Cómo aprendo a identificar defectos?

Probando, preguntando y confiando en tus sentidos.


¿Está mal decir “no me gustó”?

Nunca. El vino es disfrute, no obligación.


Si este contenido te hizo sentido, compartilo con ese amigo que siempre dice“no entiendo de vino” 

Seguinos y sumate a la conversación en #ViernesDeVino Los comentarios, anécdotas y desacuerdos…también se brindan. 🥂

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Descubre el lado B de las ideas

Marketing, vinos y poesía que inspiran, enseñan y transforman

En este espacio comparto lo que me mueve:

  • Estrategias de marketing reales para emprendedores y empresas.

  • Historias del vino que conectan con la vida y las relaciones.

  • Palabras, libros y poemas que dejan huella.

Un blog donde negocio y cultura se encuentran, y cada publicación es una invitación a ver el mundo desde otra perspectiva.

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