Vinos para cerrar ciclos: brindar por lo que termina
- Gaston Padilla
- 7 nov
- 2 Min. de lectura

Hay un momento, casi imperceptible, en que el calendario empieza a oler a despedida.Los días se acortan, el clima cambia, y sin darnos cuenta comenzamos a hacer balances: lo que hicimos, lo que no, lo que quedó pendiente… y lo que ya no queremos cargar.
Y justo ahí, entre la nostalgia y la esperanza, aparece el vino. No solo como bebida, sino como un símbolo: una pausa para honrar lo vivido antes de volver a empezar.
Brindar por lo que se fue
Brindar no siempre significa celebrar algo alegre. A veces significa dar gracias por lo que terminó. Por la etapa que enseñó, por la persona que marcó, por el proyecto que no salió, o incluso por el error que nos hizo despertar.
En la Antigua Roma, los brindis se hacían para sellar pactos y despedidas. Más adelante, en la Edad Media, se usaba el “chin-chin” para demostrar confianza —se tocaban las copas para que el vino saltara de una a otra, asegurando que ninguna estuviera envenenada.
Hoy, ese gesto sigue teniendo el mismo espíritu: confianza, conexión, cierre.
El vino como ritual
Cada vino tiene un momento. Los tintos intensos acompañan finales poderosos; los blancos frescos, comienzos ligeros. Un espumante, en cambio, tiene ese doble significado: celebra y despide al mismo tiempo.
Por eso, si estás cerrando un ciclo —un trabajo, una relación, un año o simplemente una etapa mental— elegí un vino que represente lo que querés dejar ir… o lo que querés atraer.
Si querés cerrar con gratitud, serví un Malbec: profundo, emocional, con carácter.
Si querés abrir espacio a nuevas oportunidades, probá un Chardonnay joven: brillante, floral, esperanzador.
Y si simplemente querés brindar por estar aquí, después de todo, abrí un espumante.
Ningún vino entiende mejor la palabra “renacer”.
Lo que el vino enseña sobre los finales
Un vino también tiene un ciclo: nace, madura, alcanza su punto y, si se descuida, se apaga. No hay tragedia en eso, solo transformación. Porque incluso cuando el vino “muere”, se convierte en vinagre, y sigue sirviendo para dar sabor.
Así también somos nosotros: lo que creemos que termina, muchas veces solo cambia de forma.
Preguntas para reflexionar con una copa
¿Qué etapa de tu vida estás listo para cerrar?
¿A qué estás brindando este mes: a lo que lograste o a lo que soltaste?
¿Con quién te gustaría compartir ese brindis simbólico?
Brindar no es solo levantar una copa. Es reconocer que el cambio también merece celebración. Así que cuando descorches esa botella este viernes, no pienses en lo que falta, sino en todo lo que fuiste capaz de atravesar. Porque incluso los finales, con el vino correcto, saben a nuevos comienzos.








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