¡La testosterona para ganar!
- Gaston Padilla
- hace 18 horas
- 3 Min. de lectura

Durante años nos dijeron que el éxito era cuestión de talento, disciplina o suerte. Ian Robertson —neurocientífico y autor de The Winner Effect— plantea algo incómodo:
Ganar cambia tu cerebro. Y ese cambio puede impulsarte… o destruirte.
La clave no es solo ganar. Es qué haces con la química que se activa cuando ganas.
El concepto central del libro (explicado fácil)
Cuando una persona gana —una negociación, una venta, un ascenso, una competencia— ocurre algo biológico:
Aumenta la testosterona
Se refuerzan circuitos neuronales de confianza y dominancia
El cerebro aprende: “Esto funcionó. Repítelo.”
A esto Robertson lo llama The Winner Effect.
El problema: El cerebro no distingue entre confianza saludable y exceso de ego.
Testosterona no es agresividad (ese es el error común)
En el libro, Robertson aclara algo clave:
La testosterona bien canalizada genera:
Decisión
Foco
Valentía
Tolerancia al riesgo calculado
Pero cuando se dispara sin control, provoca:
Impulsividad
Sobreconfianza
Ceguera al feedback
Decisiones estúpidas… con seguridad absoluta
Y aquí entra el Lado B del marketing y del liderazgo.
El Lado B: cuando ganar te vuelve peligroso
He visto esto decenas de veces en empresas y emprendedores:
Una campaña funciona → “todo lo que hago funciona”
Un negocio crece → “ya no necesito escuchar a nadie”
Un líder gana autoridad → “mi intuición es suficiente”
Eso no es estrategia. Eso es testosterona sin criterio.
Robertson lo explica con ejemplos de:
CEOs que destruyeron empresas después de grandes éxitos
Traders que lo perdieron todo tras una racha ganadora
Líderes que confundieron poder con invulnerabilidad
Aplicado a negocios y marketing
Cuando la testosterona te ayuda
Defender precios sin miedo
Apostar por una idea distinta
Decidir rápido cuando hay información suficiente
Liderar con presencia y claridad
Cuando te juega en contra
Cambiar estrategia solo porque “yo siento que sí”
Lanzar campañas sin datos
Ignorar señales del mercado
Creer que el branding es ego, no sistema
La diferencia entre el ganador sostenible y el ganador efímero
Según Robertson, los ganadores reales hacen algo distinto: Separan la emoción del resultado del proceso de decisión.
En términos simples:
Celebran la victoria
Pero no toman decisiones importantes en estado de euforia
Construyen sistemas que los contradicen
Se rodean de gente que no les dice “sí” a todo
Eso es liderazgo maduro. Eso es marketing profesional.
Framework práctico
Un ejercicio simple que uso con líderes y marcas:
Antes de una gran decisión, preguntate:
¿Estoy decidiendo desde datos o desde adrenalina?
¿Esto lo haría igual si hubiera perdido la última vez?
¿Qué evidencia contradice mi idea?
¿Qué estoy ignorando porque me siento seguro?
Si no podés responder eso, no es confianza. Es química sin gobierno.

El problema no es querer ganar.
El problema es creer que ganar te hace infalible.
La testosterona puede ser combustible…pero sin dirección, quema el motor.
Al final, ganar se siente bien.
El problema no es la victoria. El problema es qué tan lúcido te mantenés cuando todo empieza a salirte bien.
La testosterona puede darte empuje, coraje y presencia. Pero sin criterio, también te puede hacer tomar malas decisiones con mucha seguridad.
Por eso vale la pena hablar de estos temas sin pose, sin frases motivacionales vacías y sin humo.
Si este enfoque te hizo sentido, compartilo con alguien que esté liderando, emprendiendo o creciendo. Y si te interesa seguir explorando el Lado B del marketing, el liderazgo y las decisiones reales de negocio, seguime por acá.
Nos leemos.
@gastonpadillaw
Consultoría · Mentorías · Estrategia de marca y liderazgo








Comentarios