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¿Por qué en las empresas todos son expertos en marketing?


Recien estoy entrando en una nueva industria, y pensé que el reto iba a ser entender el mercado, entender la competencia, como funcionan los números.

Me equivoqué.

El verdadero reto estaba adentro.

Primer comité.

Primera campaña.

Primera propuesta.

Y en minutos, ya tenía más feedback del que había recibido en años.


“Ese color no me gusta.”

“El logo debería ir más grande.”

“Eso no vende.”

“Yo haría algo más disruptivo.”

Todos opinando.

Todos seguros.

Todos… expertos en marketing.


Pero hay algo que nadie dice:

No solo opinan.

Te quieren enseñar a hacer lo que tú ya sabes hacer.

Y ahí es donde empieza el verdadero juego.

Porque vienes con experiencia.

Con criterio.

Con formación.

Pero no conoces la industria.

Y eso te obliga a algo que no siempre es fácil:


Bajar la cabeza, ser humilde… y tragarte el orgullo.


Escuchar cosas con las que no estás de acuerdo.

Ver decisiones que sabes que no son las mejores.

Y aún así, tratar de entender:

¿Qué sí saben ellos que yo todavía no veo?

¿Dónde está el contexto que me falta?

¿Cómo conecto mi expertise con la realidad del negocio?


Ese equilibrio es fino.

Porque si te cierras, pierdes contexto.

Pero si te adaptas demasiado… te diluyes.

Y eso pasa más de lo que debería.

Empiezas a ceder.

A ajustar.

A incorporar todo.

Y sin darte cuenta, dejas de hacer marketing…y empiezas a gestionar opiniones.

Y como si eso no fuera suficiente, hay un punto donde se vuelve más complejo:

Cuando al final…todas las decisiones pasan por una sola persona.


La campaña avanza.

Se construye.

Se ajusta.

Pasa por mil manos.

Mil cambios.

Mil versiones.

Pero nada sale… hasta que llega el “OK final”.

El “OK ganador”.

Y ese OK no siempre llega rápido.

Se retrasa.

Se revisa otra vez.

Se vuelve a cambiar.

Y mientras tanto:

  • Las fechas se mueven

  • Las oportunidades se enfrían

  • La comunicación pierde timing

Pero cuando finalmente sale…si no funciona…

La pregunta no es qué pasó en el proceso.

La respuesta es simple:

“Falló marketing.”


Y ahí es donde el rol se vuelve incómodo de verdad.

Porque ejecutas…pero no decides del todo.

Ajustas…pero no defines completamente.

Respondes por el resultado…de algo que pasó por demasiadas manos.

Y entonces vuelve la pregunta de fondo:


¿Por qué en finanzas no pasa esto?

¿Por qué nadie le dice al financiero cómo estructurar un flujo de caja?

¿Por qué en legal nadie sugiere cómo interpretar un contrato?

¿Por qué ahí sí hay respeto…y en marketing no?


Mi conclusión, después de vivirlo:

Porque todos consumen marketing.

Pero muy pocos entienden marketing.

Todos han visto anuncios.

Todos tienen gustos.

Todos creen que saben lo que “funciona”.

Pero ver no es saber.

Opinar no es construir.

Y gustar… no es vender.


Mi trabajo no es agradar internamente.

Es generar resultados externamente.

Hoy lo tengo claro:

En marketing, siempre van a opinar todos.

Siempre van a sentirse expertos.

Y está bien.

Lo que no está bien…es que el criterio desaparezca.

Ni que los procesos maten la velocidad.

Ni que la responsabilidad recaiga… sin control real.

Porque al final, hay algo que nadie puede maquillar:

El cliente no vio el comité.

No esperó el “OK final”.

No sabe cuántas versiones hiciste.

Solo ve la campaña.

Y decide.


Y ahí es donde tú, como responsable de marketing, tienes que resolver la tensión más difícil de todas:

Escuchar sin perderte.

Adaptarte sin diluirte.

Y responder… incluso cuando no decidiste todo.

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Marketing, vinos y poesía que inspiran, enseñan y transforman

En este espacio comparto lo que me mueve:

  • Estrategias de marketing reales para emprendedores y empresas.

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  • Palabras, libros y poemas que dejan huella.

Un blog donde negocio y cultura se encuentran, y cada publicación es una invitación a ver el mundo desde otra perspectiva.

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